martes, 28 de enero de 2014

Más fotos de aparatos de vía

En la última entrada vimos unos cuantos aparatos de vía, pero para algunos de ellos no tenía fotos, y en otros sólo puse fotos de uno de los tipos.

Uno de los seguidores del blog, Álvaro Martín, me ha prestado estas fotos que pongo a continuación.

Bridas

Como dijimos, las bridas son las piezas que unían los carriles entre sí antes de que se perfeccionara la técnica de la soldadura.

Bridas en una vía de la estación de Almorchón (Badajoz). Foto de Álvaro Martín en diciembre de 2013.
En esta foto podemos ver una pareja de bridas uniendo sus correspondientes parejas de carriles. Como veis, en algunos casos (la mayoría de ellos), quedaba un espacio relativamente grande entre los carriles. Eso provocaba baches y ruidos con el paso de los trenes. De ahí es de donde procede el ya famosos y casi extinto traquetear de los trenes por las vías.

Junta aislante en una vía de la estación de Soto del Real (Madrid). Foto de Álvaro Martín en octubre de 2013.
En esta otra imagen podemos ver una junta aislante de carril. La diferencia fundamental con la brida es que la junta aislante está hecha de un material dieléctrico, es decir, no conductor de la electricidad o aislante. En el caso de la que vemos en la foto se trata de una junta aislante de fibra de vidrio. Las más antiguas (y más bonitas, dicho sea de paso) eran de madera barnizada. También observamos que, entre los dos carriles, hay una pieza, generalmente de plástico, con la misma forma que el carril. Esa pieza es absolutamente necesaria para aislar eléctricamente los carriles. Y por último, por dentro de los agujeros de los carriles, aunque no podamos verlos, hay unos casquillos, también de plástico, para que los tornillos no lleguen a tocar ninguna parte del carril, porque si no, podrían aparecer derivaciones eléctricas que no nos interesan para nada.

Conjunto de brida y junta aislante en una vía de la estación de Soto del Real (Madrid). Foto de Álvaro Martín en octubre de 2013.
Os preguntaréis por qué puede interesarnos unir dos carriles con una pieza aislante, de un material mucho más blando que el acero del que están hechas las bridas. Bien, pues puede interesarnos, como en el ejemplo de la foto, para poder montar circuitos de vía. Os recuerdo que un circuito de vía es un sistema de detección de presencia de tren sobre el cuál hablamos en esta entrada. De esta manera, tendremos eléctricamente aislados los carriles de la izquierda de los de la derecha, y seremos capaces de detectar si hay un tren tanto a la derecha como a la izquierda de la junta aislante.

Juntas de dilatación

En la entrada anterior vimos un par de juntas de dilatación. Una de una foto mía, y otra de una foto de la web de Adif, pero ambas pertenecían al mismo tipo.

Junta de dilatación en la estación de Almorchón (Badajoz). Foto de Álvaro Martín en diciembre de 2013.
Ésta que nos trae aquí Álvaro es una junta de dilatación más antigua que la que os mostré. Su funcionamiento es prácticamente igual que en el otro tipo, pero con la diferencia de que aquí hay más piezas, y la interrupción del plano de rodadura es mayor. Cuando hace calor y el carril dilata, hace presión contra la pieza exterior y la empuja. Cuando hace frío, ocurre lo contrario, y es la pieza exterior la que presiona contra los carriles, reduciendo el espacio libre entre ellos.

Calces descarriladores

Otro de los aparatos de los que hablamos en la entrada anterior tenía la finalidad de hacer descarrilar cualquier tren que pase sobre él.

Sí, sí, habéis leído bien: descarrilar.

¿Y por qué puede interesarnos ésto? Pues porque puede ser necesario hacer que los vehículos que están en una vía determinada no puedan acceder accidentalmente a la vía general, ya que podrían provocar un accidente más grave. Para ello, montamos estos aparatos que, cuando están abatidos, o sea, sobre el carril, hagan descarrilar cualquier cosa que pase por encima, y que permitan el paso normal cuando están levantados.

Calce descarrilador, accionado por marmita y asegurado con candado Bouré en la estación de Soto del Real (Madrid). Foto de Álvaro Martín en octubre de 2013.
 En concreto, el calce que vemos en la foto está instalado en una vía que da acceso a un ramal de un taller de vagones. Como es posible que dentro del taller tengan que hacer maniobras con los vagones, y existe la posibilidad de que alguno se escape (accidentalmente, por supuesto), se mantiene el calce abatido siempre, de tal forma que un vehículo descontrolado descarrilara al pasar por ahí y no irrumpiera en la estación donde podría estar pasando otro tren a toda velocidad. Cuando se quiere acceder a la vía general, se levanta el calce y ya se puede pasar con normalidad.

Dos calces descarriladores en la estación de Arroyo-Malpartida (Cáceres). Foto de Álvaro Martín en diciembre de 2013.
Generalmente, los calces están conjugados con la aguja que suele haber a continuación, es decir, que se mueven simultáneamente, de tal forma que, si la aguja está orientada hacia la vía con calce, éste estará levantado, y si es al contrario, estará abatido. Y en algún caso, como el de la imagen anterior, es posible que sea necesario proteger más de una vía, por lo que se monta un calce en cada vía.

Calces inmovilizadores

Hay otro tipo de calces, pero que no son realmente aparatos de vía. A pesar de eso, aquí nos los muestra Álvaro.
Calces en una estación sin determinar. Foto de Álvaro Martín.
Estos calces se usan para inmovilizar los trenes que se vayan a quedar apartados un tiempo suficientemente largo. Son de uso obligatorio siempre en estaciones que estén en rampa o pendiente y en algunos casos más, que vienen especificados en el RGC.

Se colocan sobre el carril, debajo de las ruedas extremas del tren que se quiere inmovilizar. Su ingenioso diseño hace que, una vez colocados correctamente, el tren no pueda moverlos, ya que los estará pisando a la vez que el tope del mismo no deja que la rueda gire. El candado que vemos en la imagen es para asegurarse que ningún amigo de lo ajeno los quite y nos deje el tren sin asegurar.

En todas las estaciones hay cajetines, cerrados con su correspondiente candado, en los que hay, al menos, dos calces.